lunes, 19 de julio de 2010

HISTORIAS PARA NO DORMIR. Una de Literatura Fantástica.

LOS RELATOS DEL TITO JOSELFO
Pues sí, también me dió por escribir en su tiempo. Este fue mi primer relato (pertreñado hará unos 10 o 12 años) y arrancó de la manera más tonta...
ATENCIÓN, COÑAZO: Por entonces aun me estaba preparando las oposiciones de Justicia y una de las cosas que tenía que hacer era escribir a máquina para conseguir velocidad en las pulsaciones y limpieza en la escritura (hoy en día la prueba mecanográfica ya ha desaparecido)...la cosa es que mi amiguete Javi (precisamente a través del que conocí el mundo de Tolkien) se sentó un día ante la máquina y le dió por comenzar un relato de fantasía (yo no sé que andaba haciendo por la casa que no lo ví hasta que él no se hubo ido)...en fin, que podía haber guardado el papel y habérselo dejado para que lo continuase...pero la tentación fue más grande y no pude evitar terminarlo por mi cuenta.
Al día siguiente llegó el amigo Javi y se lo encontró en la máquina, esperando por él...sin embargo alguien se había ocupado de finalizarlo con un giro distinto al que él le había imprimido al inicio de su relato...(impagable la cara que puso al leerlo..). Pues eso, que ahí queda:

-.PELEAS DE CABALLOS Y ESPADAS.-
De repente, como un trueno, sonó un disparo en el horizonte... Skool giró el rostro bruscamente y en sus ojos apareció una expresión aterradora... Sus manos ensangrentadas se aferraron con fuerza a la espada, sus ondulados cabellos de oro se movían al compás de aquella extraña brisa, mientras que por todo su rostro y parte de la plateada armadura se deslizaba la sangre de la última víctima que cayó bajo el peso de su espada. Sin duda había reconocido el aura del más odiado ser por los habitantes de Lulupatí, quienes, enanos acojonados, esperaban entre la maleza (había cardos y pinchos) el desenlace del majestuoso combate que se avecinaba.
Entre el temor, la tensión y la expectación que el soberano del país de la niebla imponía, apareció Cackuli, con su botella de Chufi y una caja de perrunas dispuesto a no perder detalle.

Una fina lluvia enjuagó la sangre que momentos antes luciera como estandarte de su fiereza el rostro de Skool, quien tras secársela con un Kleenex que llevaba en la riñonera, lo arrojó con gesto altivo, si bien sin disimular la emoción que tan deseado encuentro le proporcionaba; y allí, sobre la colina, apareció la oscura sombra de la más pura esencia del mal... y se vio hasta un rayo, y sonó el petardazo…pero antes se vio la luz.
Toda la estepa comenzó a agitarse, la hierba, los animales, los árboles, y hasta la misma tierra parecían querer huir de allí... Skool levantó su espada altivo y desafiante, y el brillo de su hoja escandiló a todos los enanos de Lulupatí, quienes hicieron la ola en señal de ánimo y de que le daban totalmente la razón. También el oscuro señor del mal alzó su negra espada de ébano y por un momento pareció que el cielo se oscurecía y a Cackuli le dió aprettoni de barriga por los nervios y la empachera de perrunas.

Sólo una voz, simple pero potente, majestuosa y sin concesiones, pero sobre todo, cargada de rabia, bastó para dejar claro que el combate comenzaba; era el grito de Skool, el hijo de la venganza.
El oscuro señor no gritó, pero dijo que sí con la cabeza, por lo que se vió que el también asentía al combate, así que los dos se lanzaron a su encuentro; el de la oscura armadura galopando y Skool, algo más recortaete de presupuesto, a pie.
En el cielo estalló un trueno, y mientras Cackuli se pedía su Danacol para regular el tránsito intestinal, los caballeros comenzaron la lucha; Fue una lucha encarnizada, y cuando parecía que el malvado Señor iba a ganar, llegó Némesis, la novia de Skool, y lo miró con unos tiernos ojos como diciendo "vayaaa...vaya la indigestión de palos que traes en to lo alto jomío...Anda que ma tocao el premio gordo contigo...", así que Skool se levantó y dándole piñotes de los de a oferta de dos por uno, terminó con el de negro, y encima le quitó el caballo y se montó con su novia y se fue cabalgando que parecía Pancho el de Verano Azul.

Pero, aunque parezca lo contrario, este no es el final de la historia; todavía queda por ver lo que ocurrió con el soberano del país de la niebla, y esta parte de la historia la hemos rescatado de unos viejos pergaminos legado de los descendientes de Cackuli, que, generación tras generación, han sido testimonio de lo que allí aconteció...

...El negro yelmo del Oscuro descansaba sobre el fango; el dragón que antes luciera con soberbía asomado a la cornisa de la visera, se ahogaba humillado y roto en el charco que la lluvia decidiera como su sepultura, y cuyo caudal iba aumentando alimentado por un hilo escarlata que se escapaba de la comisura de los labios del Oscuro quien, tras temblar un poco, escupió un pollo, y con una voz de humillación disfrazada de rabia, increpó a los enanos (que ya les daba igual de él) y sobre todo a Cackuli (motivo por el cual recayó en él la responsabilidad de levantar acta de lo acontecido, que maldita la gracia, con lo poco que le gustaba un bolígrafo a Cackuli...) diciéndoles:
-...Llegará el día en el que las fuerzas de las tinieblas se levantaran de nuevo para que, encabezadas por los jinetes de Ullmor, den rienda suelta al desbocado río del infierno que, inmisericorde, se desbordará por toda la tierra de Lulupatí... Ese día incluso vosotros me rendiréis pleitesía, pues yo soy aquel que domina el relámpago...
Y añadió:
-...Aaay, que me duele todo el cuerpo... que alguien me traiga un Dolalgial con codeína...aaaay…y un vaso de agua, que ese pastillón no hay quien se lo trague a palo seco…
Y Cackuli le respondió, sacando valor de donde jamás pensó que lo tenía:
- No. Has sido duramente castigado por Skool, que se ha ido sin despedirse siquiera pero él tendrá sus razones.
Y el Oscuro, cuyo arcano nombre era Seth, imploró a Cackuli:
-...Está bien, si ya he recibido mi castigo, con humildad os pido (pero los ojos le brillaban igual que al zorro que salía en Willie Fog) que me deis un poco de agua... un poco nama.
Y Cackuli dijo (frase célebre que se recoge en el libro sagrado de Lulupatí):
-...Debes morir como naciste, sin beber agua.- Y se rió y luego tosió un poco.
Y Oroti, un enano relamío que siempre tenía que decir la última palabra, apostilló:
-...Cagüentusmuelastoas, la que habeis formao.

Y así murió Seth, el señor del mal, el Oscuro, el soberano del País de la niebla y que también quiso serlo del reino de Lulupatí (pero que no lo pudo ser por Skool, porque si es por los enanos...) y por eso se les esmancharon los planes.

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