martes, 3 de agosto de 2010

HISTORIAS PARA NO DORMIR. Una de miedo.

LOS RELATOS DEL TITO JOSELFO
Estando un día en mi campito mi colega Javi, pues por entonces salía con mi hermana y se llevaba más tiempo en mi casa que en la suya (normal) le cayó la noche, y cuando se iba de vuelta a su campo con la bicicleta, le advertí que tuviese cuidado con un horrible monstruo que habitaba en los carriles, que tenía diecisiete piernas rojas ¡¡UNA MÁS CORTA QUE LAS OTRAS!! (la cara de Javi era todo un poema). Por supuesto que mi tétrica forma de decirlo no incidió ni lo más mínimo en su intención de coger por esos temibles carriles (un temerario es lo que es...que de esos están sembrados los cementerios..)
Pues bien, como por entonces andaba con las prácticas de mecanografía para las dichosas oposiciones, y me aburría más que un mono to el santo día escribiendo, tenía que inventarme historietas para no aburrirme mientras escribía...y he aquí que pertreñé este terrorífico cuento de terror (valga la rebundancia) en el que incluso reflejo hechos acaecidos en la realidad, pues recuerdo que cuando era pubertoso y andaba veraneando en el campo, al chacho y a mí nos daba muchas noches por ponernos los pantalones y las botas militares y tumbar a las tantonas de la noche campo a través para irnos hasta el dique, en la quinta puñeta, a fumarnos un cigarrito (hoy en día estamos mucho mejor, gracias...) También reconozco haber bebido un poco de otras fuentes...concretamente no pude dejar de reflejar una anécdota que casi roza lo paranormal... ATENCIÓN, COÑAZO: Recuerdo que un fin de semana decidimos acercarnos a las fiestas de un pueblo vecino, y cuando ya estabamos duchados y preparados para montarnos en el coche, dos amiguetes se echaron para atrás diciendo que tenían un mal presentimiento...por lo visto a uno de ellos le había dado un extraño escalofrío mientras se duchaba, y el otro, cuando le dió un beso de despedida a su madre, sintió como si fuera la última vez que se despedía (todo un escalofriante expediente X que ha poblado mis más terribles pesadillas durante años...)
En fin, la cosa es que hoy lo publico aquí porque es un demonio que necesito exorcizar de mi mente...

-.EL MIEDO DEL CAMPO.-
Doce años habían pasado y ya nadie recordaba los trágicos sucesos que tornaran la vida de esas apacibles tierras en un verdadero infierno... pero así es la mentalidad de la gente sencilla, curtidos en la dureza de la vida, son capaces de encajar los golpes más duros y al día siguiente olvidarlos por completo por muy duros que sean, y a pesar de su espantosa dureza. Pero pronto volverían a recordar... recordar eso... y quizás esta vez no podrían olvidarlo con tanta facilidad ni tan ruda dureza...

Todo comenzó una noche, en la granja de los Parra, la que está entre el arroyo de Curtiss y el molino de Candelario Robertson. Esa noche los hermanos Parra, el joven Jonathan y su hermano Perezmiguel, decidieron salir a dar una vuelta al campo y acercarse hasta el dique para ver las estrellas porque les gustaba, o sólo mirar el cielo si no se pudieran ver las estrellas porque estuviera encapotado o algo otro que no se pudieran ver; Así que, como cualquier otra noche (que salían muchas veces para eso, y ya su madre no se extrañaba si tardaban más de la cuenta, pero que si supiera lo que iba a pasar esa noche sí que se extrañaría y no les dejaría salir en absoluto por más morruos que se pusieran..), los dos niñatos cogieron sus mochilas (con sus nombres pegados con fiso), la verde y azul Jonathan y la roja con los pin Perezmiguel. Como siempre, se despidieron de sus padres, y después de haber cenado y haber cogido las bengalas por si se perdían, por fin se fueron.

Apenas habían salido de la finca y ya Jonathan, que era el más cagón, sintió un escalofrío como si presintiera lo que les aguardaba allí en las sombras; tan sólo miró hacia atrás, y al ver a su madre en el porche del chalé, sintió como si fuera la última vez que la vería, pero su hermano le metió bulla y continuó la marcha.
Ambos iban muy silenciosos campo a través, Perezmiguel no podía dejar de pensar en el escalofrío que le había dado en la ducha y que no sabía si era un presentimiento como el de su hermano o un amago de corte de digestión, y así iban ambos, sumidos en sus pensamientos, cuando de pronto algo sonó a sus espaldas, algo como si se hubiese roto un palo o hubiera caído una piña, pero acto seguido sonó otra cosa, una especie de grito gutural, algo sobrehumano y sobrenatural como si fuera un lobo o algo salvaje, o un animal peligroso o un perro salvaje, pero todo junto... Perezmiguel y Jonathan se miraron zurraítos vivos y creyeron entenderse con la mirada (en ese momento sus gargantas se encontraban atenazadas por el terror) decidiendo actuar a una (se dice que cuando dos hermanos están muy unidos, casi son capaces de leerse el pensamiento, vistiendo, hablando y actuando de la misma manera...Mentes conectadas que se dice). La cosa es que, tal y como se hubieron mirado, Perezmiguel se lanzó a la regata que había torronca abajo intentando hacer el menor ruído posible mientras que Jonathan...bueno, Jonathan simplemente tiró la mochila por lo alto mientras salía a correr haciendo todo tipo de aspavientos y gritando como un loco poseído (la verdad es que hay que reconocer que, aunque eran hermanos, cada uno era de su padre y de su madre, y si uno decía que blanco, po el otro que negro...si uno que sí, po el otro que no...peor que los Matamoro oye...que de eso en muchas casas..)
Habían cometido un terrible error separándose y ahora debían enfrentarse sólos al horror...

Jonathan se dio la vuelta y vio a su hermano paralizado de terror, temblando desválido y malherido en la regata, suplicando ayuda con la mirada y pensó que qué suerte que a él no le hubiera pasado y siguió corriendo a maricón el último. Perezmiguel tan sólo podía pensar en que cuando llegara a casa tenía muy claro dónde iba a ir a parar la colección de sellos que su querido hermano Jonathan atesoraba con tanto celo...su puta madre, pero bien lejos que iba a parar…

Mientras los búhos ululaban sus sollozos, a Perezmiguel la noche le parecía más fría que nunca; la luna brillaba tapada por un trozo de nube y él sentía como si una sombra se le estuviera acercando, una sombra maligna la sombra del mal... entonces sacó la linterna y la encendió para comprobar que era sólo un peñasco y un tronco eucalipto, pero cuando ya comenzaba a relajarse lo vio allí junto a él, en la regata... lo que pensó que era un tronco era en realidad un monstruo escalofriante, más grande que un risco, verde, con tentáculos y mil ojos y diecisiete piernas rojas, una más corta que el resto pero otra más larga, y le salían chispas de los ojos... un horror.
Lo último que pudo ver el chiquillo fue cómo se le acercaba con los colmillos abiertos.

En ese mismo momento, al otro extremo del bosque, Jonathan seguía corriendo; pero con las prisas se equivocó de carril y cogió el que iba para el dique, en vez de el de su casa como a él le hubiera agradado, y entonces recordó lo que su abuelo Charles BonJovi Batanero le contaba en las largas noches de invierno acerca del terrible monstruo del dique, el devorador... Entonces le llegó la vez y ahora se paralizó él (lo que hubiera disfrutado su hermano con lo vengativísimo que era, que era pura venganza hecha niñato vengativo), y allí quieto oyó de pronto unos pasos... ¿pasos? ¡sí, pasos!, eran pasos humanos! Jonathan los reconoció enseguida (y el que quiera que se lo crea..) ¡eran los pasos del leñador O’brian Mantero! Jamás se había sentido tan aliviado, y cuando llegó a él hasta tenía ganas de bromear ¡y encima detrás venía su hermano! (que lo miraba que pa qué..) pero antes de que pudiera decir nada, se fijó en las expresiones graves de sus caras y supo que pasaba algo, que no era el momento de contar el chiste de negros que tenía preparado, aunque era un puntazo de chiste, que se partía namasque acordarse.

-¡Corre!- le gritó el leñador para que corriera
-¡Corre para el dique!- le gritó su hermano dirigiéndose a él y gritando.

Jonathan se puso a correr como un loco, sentía cómo la sangre se agolpaba en su cabeza martilleándole en las sienes, su corazón galopaba, sus pulmones estaban a punto de estallar y se sentía desfallecer cuando por fin llegó hasta el dique...unos seis o siete metros más abajo..(no, Jonathan nunca fue un gran deportista…y tres cojones que le daban…él con sus libros, su internet y su colección de sellos ya tenía deporte más que suficiente..)

-¿Le habéis visto?- preguntó jadeando a O’brian Mantero.
-Sí... es escalofriante y muy peligroso...

...Jonathan mantenía sus ojos fijos en el agua cuando, de pronto, el jirón de nube que tapaba la luna se quitó con el viento racheado y Jonathan pudo ver reflejado en el agua su reflejo, el de O’brian Mantero y el de su hermano…pero los ojos de ellos tiraban chispas…Lo último que vio el chaval fueron unos tentáculos verdes y escalofriantes y la voz de su hermano Perezmiguel que se iba convirtiendo en un grito gutural.

- Pero que vengativo que has sío siempre hijo de tu madre- le dijo al monstruo que aparentaba ser su hermano-…siempre sopesé la posibilidad de que fueras un drácula, pero esto ya sobrepasa mis más delirantes teorías.- (en situaciones de estrés a Jonathan se le iba la pinza que era cosa fina..)

Y la noche se convirtió en roja de su sangre, y al día siguiente los campesinos y un minero sólo encontraron sus ropas con sangre, y a su madre eso le extrañó y se lo hizo notar al Sheriff Márquez, pero ya a éste le habían empezado a chispear los ojos... ¿fin?.. jamás se supo, pero aun hoy hay quien asegura haber visto en la antigua granja de los Parra diecisiete huellas juntas y eso aun hoy es escalofriante, ¿Casualidad?... quien sabe, pero ya los chiquillos no se acercan por la noche a hacé el ciruelo con las parientas al dique de los pinos, el Pimpollá... UUUUUH.

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