miércoles, 18 de agosto de 2010

I GUERRA MUNDIAL. El horror de las trincheras.


Evidentemente todas las guerras son atrozes....en todas hay muerte, dolor y sacrificio. Pero al igual que la II Guerra Mundial nos trae a la mente imágenes del heroismo derrochado en la lucha por la libertad, hay que reconocer que la Gran Guerra, la I Guerra Mundial, suena indefectiblemente a sangre y sacrificio... y no por nada, sino porque la mentalidad militar de entonces y la obtusa manera de combatir que imponían sus irracionales mandos (comodamente sentados en sus despachos) llevaron a que los hombres cayeran de manera totalmente inutil y desperdiciada... La premisa era AVANZAR, AVANZAR y AVANZAR...sin tener en cuenta qué hubiera delante...había que avanzar a toda costa, y eso llevó a que esta Guerra se convirtiera en una extenuante guerra de trincheras en las que los hombres eran enviados al frente como reses al matadero... sabiéndose muertos, salían de sus trincheras y se exponían totalmente al fuego enemigo (en muchos casos, si alguno retrocedía, sus propios oficiales acababan con ellos "por su cobardía").
Realmente fue el primer conflicto que se extendió a nivel mundial y adoleció de los fallos de viejas estrategias que no cabían en un conflicto donde tantas armas nuevas se probaron. Esta fue la guerra en la que el gas, las bayonetas y el cansancio se cobraron casi más víctimas que las balas, convirtiendo la muerte en el frente en un verdadero horror.



Aquí dejo algunos fragmentos de diarios escritos por soldados de distintas nacionalidades durante la Gran Guerra mientras combatían en las trincheras, y que nos muestra con claridad qué clase de guerra fue la I Guerra Mundial.
Especialmente reveladora es la última cita.

En primera línea de fuego, durante la noche en las trincheras, podías oir los gemidos de los moribundos, pero no podías salir a ayudarles. Había ratas alimentándose de su carne. Agonizaban allí, muriendo entre la miseria y el dolor, y las ratas continuaban masticando su carne [...]
-.Cecil Withers. Soldado británico.-


De pronto nuevas armas cruzan el fuego y se dirigen al frente. Son soldados que han sido seleccionados. Pero antes del mediodía también acaban con ellos. Uno de ellos, sangrando, viene hasta nosotros. Los hombres están tan decaídos que ni siquiera pueden acercarse a vendarle.[...] El aire en el refugio es tan asqueroso que voy a sentarme a la entrada. Walter Mayer y Hendrich, de mi escuadrón, se sientan junto a mí. Hendrich ha perdido totalmente la calma. Está arrodillado y reza. Mayer pierde totalmente la paciencia. Le increpa. En esta situación una oración no tiene sentido… El techo salta por los aires a causa de un proyectil de 28 cm. Al estar en la entrada salgo ileso, tan sólo me lanza dentro. La mayoría de los hombres están muertos [...]
-.Walter Pechtold. Soldado alemán.-


El aspecto de la trinchera es atroz. En algunos sitios hay verdaderas piscinas de sangre. Sobre el muro de protección, en la trinchera de comunicaciones, hay cadáveres ya rígidos cubiertos con las lonas de las tiendas… Un hedor insoportable envenena el aire… En 72 horas no he dormido nada. Llueve.
-.Charles Delvert. Capitán de infantería francés.-


Cuando comenzamos a disparar, tan sólo teníamos que cargar y volver a cargar. Ellos caían a cientos. No necesitabas apuntar, tan sólo dispararles.
-.Ametrallador alemán.-


Gritos y gemidos de agonía me rodean… Estoy completamente cubierto con trozos de hombres y una horrible mezcla de ropas y sangre [...]
-.Anthony R. Hossack. Soldado británico.-


La primera cosa que ví fueron dos piernas sobresaliendo del suelo… había un cráneo en lo alto de un árbol y cascos con trozos de cabeza dentro, y piernas por todas partes.
-.John Masefield. Escritor británico.-


Algunos heridos son capaces de arrastrarse de vuelta, unos apoyándose en otros, algunos utilizando sus fusiles como muletas. Los camilleros van detrás, en fila india, llevando su carga de sufrimiento… Oh! Una terrible explosión! Con violencia infernal, un proyectil estalla entre esta multitud y los despedaza horrorosamente [...]
-.Thellier de Poncheville. Soldado francés.-


Durante todo el día ellos permanecen tendidos allí, siendo diezmados, alcanzando la muerte junto a los cuerpos de aquellos que murieron antes.
-.Oficial francés.-


A menudo los hombres no pueden comer en las líneas del frente debido al olor de los cadáveres, ni tampoco dormir [...]
-.Rupprecht Maria Luitpold Ferdinand. Comandante alemán.-


Estos son días terribles… La infantería ha perdido aproximadamente la mitad de sus hombres, si no más. Algunos de los que han sobrevivido ya no son seres humanos, sino criaturas que se encuentran al final de la soga…
-.Albrecht von Thaer. Teniente coronel alemán.-


Aun puedo ver el desconcierto y el miedo en los rostros de los hombres cuando salimos al exterior. Por todo el campo de batalla estaban tendidos los heridos, ingleses y alemanes, todos pidiendo ayuda… Pero no les podías ayudar. Me encontré con un hombre de Cornualles desgarrado desde el hombro hasta la cintura por la metralla, su estomago estaba en el suelo junto a él, sobre una piscina de sangre [...]
-.Harry Patch. Soldado británico.-


Entre los vivos descansan los muertos. Conforme nos vamos adentrando los encontramos apilados arriba, unos encima de otros. Una compañía tras otra ha sido empujada al fuego de combate siendo continuamente aniquilados.
-.Ernst Junger. Oficial alemán.-


Menuda masacre. El infierno no puede ser tan terrible.
-.Alfred Joubaire. Teniente francés.-


Ví hombres muertos de agotamiento debido al esfuerzo para salir del barro. Nosotros estábamos apostados en un cenagal, en la oscuridad, y no había posibilidad de que un hombre pudiera ayudar al que estaba junto a él. Fue el peor caso de los que encontré en lo que parecía un cruel e inútil sacrificio de vidas.
-.L.W. Kentish. Oficial británico.-


Bajo ninguna circunstancia tenemos que aflojar nuestros esfuerzos y debemos mantener la ofensiva.
-.Douglas Haig. Comandante británico.-

13 comentarios:

  1. no merece la pena decir nada todas las guerras son igual de crueles.

    ResponderEliminar
  2. Pues sí, pero a algunas les rodean determinadas circunstancias que hacen que llamen especialmente la atención (como en este caso).

    Por cierto, si a alguien le sobra un caballo y está interesado en un mono, por favor póngase en contacto con Dirección. Gracias.

    ResponderEliminar
  3. muy bueno tu blog con tu compliado de guerra, esta muy interesante,
    lei un libro que se llama Camino del Sol Naciente son memorias de marines en la guerra del pacifico, leer estos parrafos me ha hecho recordarlo mucho...
    si te interesan los textos tengo muchos libros de genero belico, mandame un correo
    son crudos y eso los hace honestos

    ResponderEliminar
  4. Gracias por el comentario, y desde luego que me interesaría cualquier material que puedas proporcionarme...mi correo es JOSELFO.EL.ELFO@GMAIL.COM, muchas gracias por adelantado!

    ResponderEliminar
  5. El mono es el mismo que cambia un idem

    ResponderEliminar
  6. Ya tenemos dos monos...¿algún interesado a la vista?

    ResponderEliminar
  7. asi es esto la guerra no debe tener un sentido, muchas vidas se pierden para nada

    ResponderEliminar
  8. Maravillosa y aterradora entrada. Te felicito por haber expresado tanto en tan poco espacio.
    Es tan desolador, desesperanzador e indignante.

    Malditos sean los jerifaltes indolentes. No tienen derecho ni a respirar.

    Un saludo.

    ResponderEliminar
  9. Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

    ResponderEliminar
  10. ya lo deci alguien que no me acuerdo como se llama en estos momentos...

    Entre mas conosco a los hombres mas amo a mi perro.

    ResponderEliminar

Adelante valiente, que no se diga...